martes, junio 24, 2003


Del este lado de la línea ya no hay odio, ni siquiera ansiedad reprimida, nada mas hay distancia seca, amabilidad común, nulidad.

Aun así disfruto ya no tener a un perro mordiendo, cavando en mi estomago, ya no sentir que lloro al oír tu voz, ya no necesitarte,
saber que bien podría colgar el teléfono para siempre, pero no lo hago. La costumbre me lo impide, debo deshacerme de ella.

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