miércoles, agosto 20, 2003

El follaje toca mis piernas. Respiro ese aroma, de nuevo, extrano e hiriente, me deslizo por el pasadizo que mis pies han recorrido tantas veces. Veo relucir el sable, su figura salta de repente. Ella sabe que podria matarme ahora y que en realidad no me importaria. No se atreve, ve en mis ojos: abandono.

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