lunes, agosto 25, 2003

NO hay casualidades, ni coincidencias, a lo que se le llama con ese nombre solo es la conjunción de dos permutaciones en un mismo tiempo y espacio. La cosa es que allí estaba, al otro lado de la carretera, me vio, agacho la cara y entonces la mía se incendio, a y mis ojos se vidriaron, decidí seguirle, planear el espacio, desviar mi ruta, acelerar a fondo, no con la intención de alcanzar, el extremo ya no es meta. Meto el acelerador a fondo y en tres segundos consecutivos ya estoy volando, por un minuto se me olvida quien soy y que hago, la velocidad, siempre tiene ese efecto en mi, me borra de la superficie, por eso la amo. Le alcanzo en menos de lo esperado, volteo a verle y en sus ojos hay temor, lo advierto, le sonrío y salgo por la vía que se abre enseguida. Todavía no es tiempo.

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