miércoles, septiembre 14, 2005

Escribo porque sí. Porque me da la gana. Porque podría buscar mil razones, mil motivos y estoy segura de que los encontraría, formaría de palabras bellas explicaciones, intrincadas metaforas, dulces y amargas hilaciones mentales, relucientes telarañas de sinapsis para argumentar, para contestar, para preguntar, para reiterar el por qué llevo a cabo este acto que me hace estrellar las uñas contra las teclas como si estas fueran hormigas en fuga o como si estas fueran llagas. Pero no, sólo digo que escribo porque me da la gana. Y decir esto es decir que escribo por placer. Escribo por vicio. Escribo porque soy una viciosa. Escribo porque corrompo. Escribo porque esta es mi manera de invocarte. De tocarte. De crearte. De corromperte. De abrirte de par en par subita, inaudita, inclemente. Escribo por excitacion. Por impulso. Por emular el roce de mis dedos contra tu sexo. Escribo porque mi lengua se convierte en un filo suave y agudo. Escribo porque todo espacio sólo es Ahora. Escribo porque todo es Ahora. Escribo porque no puedo ocultar la sonrisa al comprobar que todas estas letras y los distintos alfabetos y las diferentes lenguas y todas las onanomatopeyas sólo significan la palabra Ahora.