lunes, noviembre 07, 2005

Una palabra me abre los ojos, es como un acto de iluminación. Un da coherencia a los difuso, permitiendole seguir siendo difuso. La palabra MUDAR me arregla en estos momentos el mundo.

La palabra mudar me hizo falta en muchos procesos, sobre todo en el proceso de hace un año. Nunca (me) dije: Me mudo de ciudad. Nunca lo pensé, lo sabía. Sabia del desplazamiento a miles de kilometros de distancia. Sabia de la geografia cambiante. Sabía del idioma que se disfraza del mismo pero que en realidad es la babelia de las connotaciones. Sabia, que el tiempo trascurría y mi entorno y mi espacio y mi cuerpo se llamaban de otra manera y se re-nombrarian multiples veces. Sabia todo eso, pero nunca pronuncié la palabra mudar, y entonces la palabra Mudar se transformó en ENMUDECER.
Otro Noviembre.
Otro No-verme.
El tres.
La figura del tres. Miro el numero, su figura, sus contornos; pienso en, qué tendran los arabes en la cabeza para haber pensado los numeros con esas formas, disposiciones y curvaturas.

Miro el 3.
Mi mente hace analogias, trata de explicar, pero me resulta incognoscible, incuestionable, impenetrable. Cedo ante el placer y la confusión, ante la epojé fenomenológica, ante ese pasmo activo que discurre y escurre en el cerebro al contemblar un numero. Al pensar un 3 finjo que pienso, en mi cabeza se abren huecos, se hoya, se llena da palabras, se autoengaña con la idea de comprension.

El número que ¨comprendo¨es igual a las ideas que flotan en mi cabeza y aun no pienso.