Pensar es (re)correr(se), irse sin moverse, circunaufragar y volver. Te estoy pensando... es pensar todo y en todo. sayakyetel@gmail.com. Fotografía de Adrián Volt Saénz.
miércoles, noviembre 23, 2005
PRIMERA PARTE
I
Estábamos muertas de miedo
y horrorizadas de nosotras mismas, petrificadas
La Palabra Amor nos abría abismos en donde estaban los ojos
(y) balbuceábamos frases en todas las lenguas,
incluso en las inteligibles
y la palabra que abisma,
seguía abriendo canales, huecos, sexos, lacrimales;
caía reiteradamente sobre nuestras cabezas como lo atómico en Hiroshima,
y desde el sesgo del ojo contemplábamos lúbricas la ojiva nuclear
luego,
se detenía, y volvía a caer, esta vez, como la gota de agua que deshace la piedra.
(y) seguíamos muertas de miedo, en rictus y abismadas.
II
Estábamos inmersas en una lluvia de palabras
Y La Palabra Amor nos arremetía a dentelladas;
Gustosas contemplábamos la carne arrancada y
en justo intercambio, le sacamos los huesos,
uno a uno,hasta tener en las manos la espina dorsal y la traquea.
III
Seguíamos muertas de miedo
y la lucha con las palabras no terminaba,
desmadejadas, tuvimos ganas de quitarnos la otra ropa
que se llama cuerpo
y quisimos también, intercambiar nombres por números o formulas,
reír como hienas, dejar de llamarnos.
Pero, eso no funciono, y La Palabra siguió ganando la batalla.
IV
Entre los párpados empañados y el mundo de lo “real”
Nada era cierto, excepto el estremecimiento y la convicción
De que en nuestras cabezas la palabra MUJER se desdibujaba
SEGUNDA PARTE
Prodigiosamente oscuras,
así andábamos
Desarraigadas, con los senos al aire
(aquí la borrasca trae el nombre de las hijas de Ares)
Con el sudor frío corriéndonos temeroso por la espalda
Y los contornos inextricables
Prodigiosamente oscuras –he dicho-
Y también, pétreas, vestales, monosilábicas, abandonadoras, acechantes,
Concupiscentes, histriónicas, atronadoras, fuera de época, a-parametrales, bifidas, hablando la misma lengua, no el mismo idioma, férreamente abra(s)zadas.
I
Estábamos muertas de miedo
y horrorizadas de nosotras mismas, petrificadas
La Palabra Amor nos abría abismos en donde estaban los ojos
(y) balbuceábamos frases en todas las lenguas,
incluso en las inteligibles
y la palabra que abisma,
seguía abriendo canales, huecos, sexos, lacrimales;
caía reiteradamente sobre nuestras cabezas como lo atómico en Hiroshima,
y desde el sesgo del ojo contemplábamos lúbricas la ojiva nuclear
luego,
se detenía, y volvía a caer, esta vez, como la gota de agua que deshace la piedra.
(y) seguíamos muertas de miedo, en rictus y abismadas.
II
Estábamos inmersas en una lluvia de palabras
Y La Palabra Amor nos arremetía a dentelladas;
Gustosas contemplábamos la carne arrancada y
en justo intercambio, le sacamos los huesos,
uno a uno,hasta tener en las manos la espina dorsal y la traquea.
III
Seguíamos muertas de miedo
y la lucha con las palabras no terminaba,
desmadejadas, tuvimos ganas de quitarnos la otra ropa
que se llama cuerpo
y quisimos también, intercambiar nombres por números o formulas,
reír como hienas, dejar de llamarnos.
Pero, eso no funciono, y La Palabra siguió ganando la batalla.
IV
Entre los párpados empañados y el mundo de lo “real”
Nada era cierto, excepto el estremecimiento y la convicción
De que en nuestras cabezas la palabra MUJER se desdibujaba
SEGUNDA PARTE
Prodigiosamente oscuras,
así andábamos
Desarraigadas, con los senos al aire
(aquí la borrasca trae el nombre de las hijas de Ares)
Con el sudor frío corriéndonos temeroso por la espalda
Y los contornos inextricables
Prodigiosamente oscuras –he dicho-
Y también, pétreas, vestales, monosilábicas, abandonadoras, acechantes,
Concupiscentes, histriónicas, atronadoras, fuera de época, a-parametrales, bifidas, hablando la misma lengua, no el mismo idioma, férreamente abra(s)zadas.
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