jueves, julio 10, 2008

Enciendo la Radio, hay un debate sobre la ley del Aborto. Lo primero que escucho es la opinión de un médico, quien dice que ¨los medicos deben estar protegidos para poder negar la pildora poscoital, porque su moral puede entrar en choque con ésta, ya que este medicamente impide un embarazo e implicitamente, hace abortar¨. Luego habla una mujer con una voz dulcísima que asegura tener 6 hijos y su ¨gran intervención¨ es decir NO al aborto. asegura también que dos de sus hijos tienen sindrome de Down.

Pienso en las cicatrices simbólicas, pienso que en lo que le duele a ese médico no es el hecho del aborto en sí, sino (como asegura mi amiga Roxana Foldadori) el cambio simbólico que esto supone, el desplazamiento del poder de las manos de los hombres hacia las mujeres de gestionar sus cuerpos. En el caso de la mujer con 6 hijos, supongo que para ella es una experiencia gratificante tener que dedicar su vida a pensar en los otros, por los otros y para los otros. Supongo que su manera de empoderarse es esta que Marcela Lagarde llama el poder del botón, supongo también que nunca se ha puesto a pensar en la verdadera vida que llevarán sus hijos con sindrome de Down; una sociedad que no se está preparada para el aborto, por supuesto, no esta preparada para aceptar como sujetos a personas con trisomía 21, supongo que nunca ha pensado en sus hijos fuera de su protección ni de su alcances, no los desea como sujetos autónomos, sino como eternos niños que se protejan bajo sus faldas y den un sentido de utilidad perpetua a su vida.

Es curioso que cuando hablan un par de mujeres a favor del aborto el tiempo que se les da al aire es mucho menor que el que se les da a los apologetas del No al aborto. Es curioso también que aún hoy en día las mujeres tengamos que seguir dependiendo forzosamente de la moral, el estado emocional y las conveniencias de los hombres para decidir sobre nuestros cuerpos.

Es rídiculo e inadmisible que se hable de asesinato de un feto, que en realidad es un tejido de células que pueden o no seguir creciendo y no se diga nada de la verdadera obsenidad que es el hambre mundial, la pandemia del sida, La guerra de Irak, la violencia encarnizada y represiva contra las mujeres y los sujetos queer, la desrealización de lo vivo en favor de la economia, la esclavitud infantil, la inmigración y sus muertos.

Pienso en que el debate sobre el aborto es una tarea distractora de la " civilización" es decir de los varones médicos, padres, curas, amantes, maestros, violadores, gobiernos, escuelas,etc, para no tener que hablar de sí mismos. Seguir hablando de las mujeres, de sus cuerpos, de su sexualidad, de sus elecciones, de la mejor forma de seguirnos controlando es una forma directa de huir de la enunciación de un discurso autónomo sobre sus propias problematicas. Como lo dice Virgine Despentes "A los hombres les gusta hablar sobre las mujeres. Así no tiene que hablar sobre sí mismos. ¿Cómo se explica que en los últimos treinta años ningún hombre haya producido un texto innovador sobre la masculinidad?[...] ¿Para cuando la emanciapación masculina?1

El debate del aborto es tan sencillo (y complejo) como preguntarnos ¿Qué puede decir un hombre sobre una mujer, si es un hombre?


Virginie Despentes. Teoría King Kong. Melusina, Págs. 118 y 120.

1 comentario:

ésta dijo...

aplausos.