lunes, octubre 20, 2008

Hay tanto miedo en la letras de ella, tanta agonía. Ha reiventado la forma de supurar y caer en picado. Ha reinventado también de la forma merecer un sublime respeto al mismo tiempo que la descepción nace en cada esquina de sus comas. Ella va siempre como contra de sí misma, realmente en contra, pero han pasado tantos años que se teje en un discurso desgastado. Creo que la leo porque tengo fe en su dolor, porque sus rodillas son muestras de ballenas que se desangran en todos lados y no vemos. Creo que la leo porque existe algo lejano, quiza añejo, algo que se remite a la adolescencia perdida, a mi propio miedo al ridiculo. Creo que la leo en voz alta para que ella sea mi ventriluquo, porque sólo a través de ello puedo permitirme decir cosas como:

Me asombra lo devaluados que están los sentimientos, lo cobarde que se vuelve la gente frente a la belleza, el llanto, el dolor, la pasión. Me asombra lo orgullosos que están de su displicencia, su indiferencia, su superioridad, su frialdad... Me asombra y me entristece. No existe mayor revolución que la de los sentimientos, hay que ser un auténtico guerrillero para hablar del amor, hay que ser un valiente, un indomable, un coloso, voy por la selva con un cuchillo entre los dientes y digo... te amo, te amo, te amo...

Porque sé y no sé que quiere decir con eso.

Creo que la leo cada día más por los lugares comunes que aún traspasan la médula, porque aún después de todo el discurso y las rupturas las cosas sencillas (las más inascibles) se siguen diciendo de la misma manera que antaño. Yo la desprecio y la juzgo, yo la admiro. Yo estoy hablando, over and over again, de la perrera de un ídolo.

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