lunes, noviembre 10, 2008

Regreso a Tijuana y encuentro un cielo encapotado, un cielo lloviente, toda una sorpresa la lluvia en estas latitudes, toda una extrañeza. Otro extraño aquí es el frío. Ambos fenómenos me dicen que es hora de volver a la latitud 40, como las aves, pero en forma inversa, yo viajo hacia el norte para encontrar la nieve, para encontrarme allá lejos, sin lazos, sin relámpagos en la mente, sin referentes. Viajo al frío, a la alegría gélida del frío, al temblor en las manos por las calles de Madrid. Me voy de la ciudad Gore que bajo lo helado es un hervidero, dejo el olor de sangre recién vertida, otra vez soy del aire, otra vez sus rutas y sus mapas como lazos sobre el cuerpo.

Sin embargo, hay una nostalgia de todo esto , algo como extrañar la náusea y el mareo, algo como ser fanática de la contaminación visual y auditiva, algo que tiene que ver con la potentísima imagen de mi madre que con un hilo y una aguja cose la carne, la union del músculo y la piel, la cerradura. Algo que es como la voz de mi hermana rebotando todo el tiempo dentro de mi cabeza, la risa de mi sobrina aquí adentro. La loca sororidad de mis amigas que ya extraño.

1 comentario:

Rain dijo...

SAYAK, puedo imaginar lo que escribes, aunque mi cuerpo sea otro.

Sé lo que es extrañar la ciudad en la que uno nació y se formó. Y esa loca sonoridad de tus amigas, aaah, cuánto la añoro. Pero cómo ataco mi nostalgia, no sé SAYACK. Y sin embargo, ¿sabes? al estar aquí, siento que no me vas a juzgar cómo suelen hacerlo a las que de pronto nos ponemos nostálgicas. A esa cuota de patetismo q ue una contiene y que ataca escribiendo.

SAYAK, voy a ver tus videos. Ah, qué bieeen que están registrados en el super youtube.

Un abraxo.