jueves, diciembre 04, 2008

LA PERFORMATIVIDAD DE LA PALABRA VIOLENCIA



¿Por qué me traes a la memoria hechos que me hacen estremecer,
y de los cuales soy autor y causa?
Mary Shelley. Frankenstein o el moderno Prometeo.


¿Dónde empieza todo esto? Preguntar por genalogías en la lógica deshitorizante en la que se erige la contemporaneidad, ayudada por la moda, los medios de comunicación y el biomercado, no tiene lugar o resulta de una retórica absurda. La pregunta por la historia se desplaza, se aniquila. Sin embargo, los eventos dejan huella, se entremezclan en su espectralidad con la configuración del código binario, algo que no se pierde, que flota en un no/lugar que crea frankensteins de acontecimientos, carne y simulación.

Decir Ahora es una metáfora, decir Ahora para decir en realidad los últimos años, los últimos años que se me graban y me punzan los que me escriben día a día las intrucciones para configurar un yo en un campo de batalla.

Pensar tanto en la violencia, pensarla desde tantos ángulos, vivirla, sentirla, dejarla invadirme emocionalmente, dejarla crearme adicción. Pronunciar las palabras i can´t help myself y a pesar de eso decidir no callar, seguir, hablar, denunciar, crear una micropolítica de la denuncia, crear un discurso desde el paraje devastado, una voz que habla desde dentro y fuera del vendaval. Esa clase de cosas. Estos intentos.

Leo la prensa, days go by so quicky, y siento que leo un loop constante, un loop de autoreferencialidad superficial. Leo que en México se está discutiendo la posibilidad de aprobar la pena de muerte. Buscan contestar a la muerte con más muerte. Dicen que esa es la mejor forma para combatir al crimen, al secuestro, a la desmesura. Sin embargo, no hay una estrategia efectiva en un acto tan unidimensional y nada crítico. Usar la represión más absurda para fomentar el Estado de Excepción generalizado y justificar la deliberada vulneración de derechos que nos esperan tras aprobar una medida como esa.

Supongo que una población pobre, apolítica, desinformada, atemorizada y nada crítica como lo es el grueso de la población mexicana, una población llena de hermosxs y terribles malabaristas donde la preocupaciones son tan dispares y se distribuyen entre el pensamiento por conseguir la comida diaria y comprar la última moda tecnológica, será facil conseguir un contexto a favor de la pena de muerte. El problema realmente está en no preguntarnos el por qué, las causas fundamentales de la creación de estos sujetos terribles y violentos.

La verdadera pregunta recaería en un serio cuestionamiento a la función del Estado, al reclamo para que cumpla sus obligaciones, para que haga su trabajo por el sueldo que recibe, y también en una educación que se funde en una realidad geopoliticamente situada que acepte sus limitaciones y no ande a caballo entre el neofeudalismo, el despotismo, la oligarquía, la corrupción , el narco, la iglesia, el crimen organizado, el machismos y la doble moral.

Aprobar la pena de muerte en México resultaría contraproducente para la población civil, no para los delincuentes porque al final todos sabemos que la ley en el país no se aplica a quien comete el crimen, sino al que denuncia o al que de alguna manera estorba, resiste y no colabora con el sistema.
Decir sí a esta medida de control irreflexiva sólo comprobaría la poca reflexión y la irresponsabilidad de las decisiones politicas del Estado y sus ciudadanos. La paradoja de querer hacer política queriendo consttruir una casa empezando por el tejado.

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