martes, julio 01, 2008

Quedarse con los traidores. No lo sabía a ciencia cierta pero lo intuí contantemente, Ella tenía esa forma de andar acompasada, de los que quieren recoger y guardar cada paso que profieren. Tenia también una forma de partirte en dos con mirarte o con no hacerlo, tenía todas las armas para quedarse consigo, pero a la minima provocación elegia siempre el sabotaje. Elegia siempre quedarse con los traidores, con los que la vejaban, insultaban o ignoraban. Yo creo que su ombligo iba unido, a través de los siglos, con aquella leyenda que la emparentaba con Malitzin.

domingo, junio 29, 2008

I

Tiene que llamarse de alguna manera el hecho de que yo sea un cementerio de poemas.

II

En las estaciones del cuerpo las actas de defunción reforestan mi cabeza.

Insisto, tiene que llamarse de alguna manera que en la canícula yo asfixie mis poemas.

III

Si por fin consiguiera transcribir lo no escrito de mi cabeza.
Hay algo precioso en la canícula. En escribir como si hablasemos solas. Algo muy tenue en cocinar para nadie, algo de piedad en el hecho de autoalimentarse. Hay lo bello que se transforma, que se vuelve un abaco, mientras el tiempo se desliza y vemos los minutos perecer en el extraño baile de que cada minuto se funda y se incorpore al cuerpo para luego desaparecer.

Algo pesado y pegajoso en los recuerdos. En observar alos dormidos, en observar a los dormidos que ensayan para cuando estén muertos. En la canícula ha mucho que nos empuja a la muerte, ¿tal vez la asfixia?

Siento pasar la tarde por mis dedos , como se siente pasar la adolescencia con el presentimiento de lo irretornable.