viernes, febrero 27, 2009

Los Estados Unidos y su “lucha anti-drogas”

La preocupación por acabar con el narcotráfico y la lucha antidrogas, emprendida por los Estados Unidos y focalizada en Latinoamérica a finales de los años 80, tiene como remanente originario la conservación y la expansión de su hegemonía en el planeta, puesto que:

Caída la amenaza global del comunismo, en el tráfico de drogas (ilegales, por supuesto; los que trafican con las legales compran su permisividad) y su prima hermana la delincuencia organizada transnacional se ha encontrado, con la encomiable ayuda del alarmismo difundido por los medios de comunicación social, un nuevo demonio mítico que pone en grave riesgo el sistema social, político y económico de los países a diferente escala. La amenaza extraordinaria de la 'Internacional Comunista' sustituida por la 'Internacional del Crimen S.A.'[1]


Es bien sabido que en el capitalismo utiliza la moral para ocultar la ferocidad de sus estrategias económicas. La preocupación del gobierno estadounidense en la lucha contra el narcotráfico no está enraizada en la consideración de la vida. No se piensa en la conservación de la vida en absoluto, ni en las de los consumidores, ni en las de los implicados en la trama mafiosa, estas vidas no son consideradas como “[…]vidas dignas de atención y vidas que valga la pena preservar, vidas que merezcan reconocimiento[…"[2] en su lugar, lo verdaderamente valioso para el gobierno es el capital que se le escapa al Estado a través del mercado ilegal y la posibilidad de implantar estrategias intervencionista de control a escala global.

Bajo el discurso de tolerancia cero a las drogas proclamado por los Estados Unidos, subyace la justificación de una política intervensionista que no cesa en su empeño de control hacia los países “castigados” por el narcotráfico, creando a través de la implantación de estas políticas de control, un Estado de Excepción en dichos países, al mismo tiempo que aumenta su venta de armas a las organizaciones mafiosas y es capaz de blanquear dinero, ya que es el país, según Carlo Resa Nestares, con más capacidad para el blanqueo de capitales, dado que para el blanqueo se necesita de una combinación de factores para que la operación tenga éxito, estas pautas son: “el secreto bancario, la existencia de sistemas bancarios sumergidos, la corrupción, los recursos y la formación de la policía en la persecución de complicadas operaciones financieras, la presencia de centros financieros de primer orden, el acceso a los paraísos bancarios y el grado de control sobre el cambio de moneda extranjero.”[3]

Esta lucha antidrogas se usa también, por un lado, como excusa para criminalizar a las minorías no blancas dentro y fuera del territorio estadounidense, aplicando una política racista y, por el otro, como una estrategia eficaz para desviar capitales del presupuesto estatal sin tener que dar mayores justificaciones que escudarse en el argumento de que ese dinero es necesario para la lucha contra el narcotráfico.

La guerra antidroga que han emprendido los Estados Unidos para controlar el narcotráfico dentro de su territorio bien puede ser entendida como una herramienta institucional que refuerza el racismo a través del control y la restricción de oportunidades económicas y sociales a comunidades afroamericanas y latinas. Esto se sustenta en un “sistema de incentivos financieros con el que está organizada la guerra contra la droga y a causa de la protección de las acciones judiciales de que disfrutan las comunidades blancas, en los Estados Unidos esta guerra se está librando contra negros e hispanos.”[4]

Sin que intentemos aquí repetir un modelo que se base en una teoría de la conspiración, es innegable que las comunidades minoritarias y desfavorecidas sufren daño por partida doble, ya que, por un lado, la lucha antidroga vulnera seriamente sus derechos sociales y, por el otro, está el daño y la violencia causados por la droga en estas comunidades quienes se encuentran en una especie de fuego cruzado entre el gobierno, los narcotraficantes y el consumo de drogas.

Las políticas intervencionistas de control desarrolladas y ejercidas contra las minorías, coloca a éstas en un permanente estado de sitio que las relega a la situación de convertirse tanto en victimas como en ejecutoras de la violencia y las obliga a trazar estrategias de supervivencia en los marcos menos favorables, pues se les hace ganarse la vida entre la violencia intima y la violencia explicita. Con violencia íntima nos referimos al comercio de ciertos órganos del propio cuerpo dentro de los mercados internacionales, etc.

El mercado Gore global, la mala gestión de los Estados, las demandas publicitarias de hiperconsumo parecen naturalizar el mensaje de que la violencia es una condición necesaria en la era global, sin embargo, todos estos anclajes basados en conceptos economicistas no nos parecen una razón suficiente para que tengamos que resignarnos a vivir y consumir violencia o acostúmbranos a que los flujos de ésta conformen un mercado más.


[1] Resa Nestares, Carlos (2003) Macroeconomía de las drogas. PEYOTE INC, Pág. 01http://www.geocities.com/carlos_resa/press18.html
[2] Butler, Judith. Vida Precaria. Pág. 61.
[3] Resa Nestares. Op. Cit. Pág. 03.
[4] Glenny, Misha (2008). McMafía. El Crimen sin Fronteras. Ediciones Destino. Barcelona, Pág. 328.

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