miércoles, agosto 26, 2009

Al final del verano
lo que nos toca es esperar,
sentir asiduamente el calor incrustándose
dentro de algo que ya no es cuerpo.

Esperar sosteniendo en las manos tiempo alfanumerico,
las ganas de no parar, de ir a cualquier sitio,
precisamente a ese a donde no se debe,
a donde siempre la carne se enuentra en su renuncia.

Hay cierta hostilidad,
cierto odio en la espera,
en la indeterminación
de las cosas terribles que nos hacen los minutos.

2 comentarios:

Helen dijo...

has puesto palabras a mi sentimiento... gracias!!

Miss Violence dijo...

Gracias a ti querida Helen! Besos!