sábado, mayo 29, 2010

Vuelvo a casa al filo del amanecer, eso es una constante de los últimos meses. Mi vida se desarrolla de madrugada, todo lo interesante sucede en esas horas. Del recorrido a casa lo que más disfruto es caminar sola, sentir el viento, el silencio y el aroma tan particular de las calles que atravieso. Anoche la calle que lleva a mi casa olía a tamarindos. Ese picor en la nariz, el recuerdo en la boca, el olfato que se convierte de forma travesti en sabor. Me sentí caminando por Tabasco. Me sentí cruzando la amazonía.

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