miércoles, agosto 11, 2010

Bebo un gran vaso de leche y siento los velos del sabor haciendo mareas blancas contra el cielo de la boca. La leche sabe inversamente proporcional a la sangre. Bebo leche y el líquido baña los dientes, los hace recordar cuando ellos eran leche: ese estado donde eran diminutos y poblaban la boca de carcajadas sin pudor.
Bebo leche y pienso en mis huesos, me gusta imaginarme las trayectorias backwards, palabras y procesos en retroceso, al revés. La marea blanca sigue introduciéndose por mis labios hasta hacerme pensar, una vez más, en el lenguaje, en lo que realmente me gustaría decir, en lo que es posible decir. Cuando pienso en lenguaje, los 14 velos de la leche se transforman, poco a poco, en aterciopelados velos de sangre.
La leche-lenguaje abre una herida en la boca, una herida por donde fluctuan los sabores de lo descriptible y donde se sepultan los sabores largamente amados que ya no probaremos y no podremos volver a nombrar.
Termino mi vaso de leche y la "eñe" de daño, se vuelve un serpiente que escalda la lengua.

2 comentarios:

periferia uber alles dijo...

La muerte de Narciso es inminente (aunque parezca mentira). ¿Aún no te has dado cuenta?

Miss Violence dijo...

Me doy cuenta, periferia. Me doy cuenta pero a veces sólo recuerdo que otra de las propiedades de la memoria es el olvido.

Gracias por la visita.