viernes, agosto 13, 2010

Entro a la boca y el aroma de la madera nueva entra a su vez en mi boca. La boca se desdobla en un mise en abyme. Entro en la boca y observo los diminutos osarios que alguna vez se llamaron libros. Los diminutos árboles cercenados para rendirse frente a la tinta. Entro en la boca y mis ojos crecen al imaginarse de una vez la posibilidad de leer de un vistazo toda esa escritura. Entro en la boca que tiene enormes hileras de dientes que se rien y murmuran grafias. La boca es ahora una biblioteca infinita. La boca es ahora el aroma de la madera en los alvéolos. La boca es ahora un sexo que me traga.