domingo, agosto 08, 2010

Las manos que hablan caminan dentro del cuerpo,
en su cama nunca me siento sóla y sin embargo,
lloro de felicidad y de rabia por la falta,
la sincronia desaparecida.

El aroma de ella: algo nunca marchito,
nunca sangrante,
a su lado siento que desaprendo el mundo
y el mundo se vuelve insignificante
cuando ella me habla con las manos.

Su cuerpo hace la oferta de quedarme,
¿podría yo alguna vez quedarme de verdad en algún sitio?







Lloro y lloro más, luego todo termina en carcajadas.





(Aqui va el signo de la plabra orgasmo)