martes, octubre 26, 2010

La nina del faro

Leer a Winterson me rompe y me rehace. Nunca voy a Winterson, la descubri porque alguien la trajo a mi. La primera vez que la lei debo admitir que fue mas una especie de gesto en agradecimiento a quien me regalo su libro: La Pasion.
Leia y dejaba de leer, sucumbia y volvia al libro de manera constante, intermitente y casi pudorosa, volvia mis ojos (y en esta accion tambien iban mis vertebras y mi respiracion) con placer culpable, tremulamente.
No es necesario decir que me conquisto su exquistez escritural, como logra con suavidad y tremendo dominio desabotonarte por dentro, hacerte visible a ti misma. La lei y luego quise seguirla leyendo pero me detuve, senti por unica vez la necesidad de acercarme a algo de forma racionada.
Anoche, entre unos libros que olvido una amiga encontre a Winterson y sucumbi. Ahora la leo y sonrio y tiemblo. Vivo en un faro, soy la nina, soy el personaje. No le pregunto nada al libro pero me dice cosas como estas:

"Cuentame la historia, Pew.

Que historia, pequena?

La historia del oscuro secreto de Babel.

Era una mujer.

Siempre dices eso.

Siempre hay alguna mujer en alguna parte, pequena; una
Princesa, una bruja, una madrastra, una sirena, una hada madrina,
o una tan malvada como hermosa, o tan hermosa como buena.

Es esa la lista completa?

Esta tambien la mujer a la que amas.

Quien es?

Esa es otra historia."

--Jeanette Winterson. "La nina del Faro." P.71.

2 comentarios:

Stef dijo...

... ha sido empezar a leer este post y verme desbordada por todas esas sensaciones, hasta por lágrimas y por todo aquello que no te podría contar, por ese libro, que me lo encontré dentro de una esfera sin ranuras que fue la vida de entonces, por los siete faros que construyeron mis antepasados en las islas, por ella.
Gracias por esa cita que me devuelve aquel aliento. Me doy cuenta de que ya no tengo nada que perdonarme.

Miss Violence dijo...

Stef, tus palabras siempre como feliz unguento. Yo quiero sentir que el perdon y la culpa son dos barcos desaparecen en la lejanía del horizonte mental.

te abrazo!