miércoles, noviembre 10, 2010

Cierro los ojos. La música empieza a llenar la epidermis y mis retinas se mueven como si adivinaran cada mólecula del tiempo y del aire. De repente empiezo a verlxs a todxs, a pesar de no saber donde están o de saber que ya no deberían ser nunca más una conexión de mi sinapsis. Sin embargo, lxs sigo viendo moverse en distintas ciudades, a distintas temperaturas. De algunos sólo logro rescatar el recorte de un brazo que se salió de foco, a otrx simplemente le intuyo la sonrisa porque ya no sé sus coordenadas. Pienso en que escuchan esta música y saben de mí como yo de ellxs ahora. Sé que esto es sólo un deseo, un vertedero de recuerdos que ya nunca compartiremos.