miércoles, diciembre 22, 2010

Para que la escritura sea posible deben pasar (o quedarse) muchas cosas. Ahora ha vuelto. Yo me subyugo ante ella, yo me deshilo toda en cada letra. El remolino de trazos desfilando ante mis ojos, el temblor en las manos, la excitación de ver las letras como si fuera la primera. Acercarme a las sílabas como si nunca dolieran. El misterio de la luz, el claro de bosque en mitad del espacio mental. Lichtung. Lo extrañamente feliz, lo intransferible.

2 comentarios:

a/m dijo...

.....tal vez enredadas en el verde sedoso del mar cantábrico, un domingo cualquiera al mediodía, en esa ciudad que te sorprende bajo este sol invernal, inquietas y extrañamente vivas se hayan acercado a ti las letras, una a una, infames en su elegancia transgresora, una a una, como en un desfile de cuerpos subvertidos

.....quizá decodifiques la piedra y el misterio, el secreto de aquella sirena que peina palabras al viento y esculpe las rafagas, que proyecta sueños, que dibuja salvajes olas

.....extrañamente felices, precisamente porque temblamos y sabemos trazarnos, porque somos posibilidades de este relato, doloroso y enigmático

.....extrañamente te escribo y te recuerdo verde sedosa, junto a este mar, mi mar, de esa ciudad (que no es la nuestra) pero que aún se atreve con lo desconocido y felizmente nos sorprende

Miss Violence dijo...

a/m, sí, el cantábrico que me ha llenado de energía, que me vuelve a decir que yo soy del mar.

Que domingo más bonito, que luz (cuanta inefabilidad) y que bonita compañia.

Gracias por comentar.

Un abrazo!