Estos días donde mi vida se vuelve rectángulos volumétricos, donde las manos trabajan afanosamente, cuidando, envolviendo, escribiendo, imprecando, sosteniendo tiempo, haciendo temblar el filtro de un cigarrillo cuyo humo sale inexorablemente y entra impavido en mis pulmones.
Estos días donde la despedida del espacio es sólo preludio de otras despedidas y de otros espacios, es también el recuerdo en retrofururo y la añoranza de lugares salvajes que aborrezco y a los que deseo volver.
These days are really similar to Those Days donde el cuerpo efervercia, donde el desplazamiento era vértigo y era promesa. Donde no me pregunté pero presentía una pregunta en la punta de la lengua, donde sabía que en el futuro yo llegaría a formular esta pregunta: ¿cómo no ser una errabunda? seguida de otras preguntas que exisieron y luego no, seguidas de otras voces que se clavaron pertinazmente sobre los pechos y el sexo. Preguntas que ahogue, preguntas que ahora vuelven mientras sigues sonriendo cuando imaginas la voz de ella que en tono de dulce despecho y negro reproche te increpa con una sonrisa húmeda de lágrimas que eres una abandonadora. Tu respuesta ante eso, asentir, decir que sí que es una adicción, un deporte de riesgo cuyo triunfo tiene que ver con encontrarse en espacios que se cuentan por kilómetros, con estertor, con ecos profundos, con estar sólo conmigo sola.
Asientes, en estos días, dices que sí, el no es una palabra feroz y salvaje, el no es una palabra que te cerca la carne, el no que aparece mientras bailas y te deshaces, pero estos días no, estos días el no está desterrado y entonces dices que sí, afirmas, sientes, sonries y buscas algo torcido dentro, una pequeña chispa, un indicador de que algo está mal pero no lo encuentras y te sientes exultante, esa alegría añeja de los primeros días, de la primera felicidad, de cuando la lluvia mojaba tus piernitas de bebe de 3 años y tú reias y eras feliz por primera vez.
En estos días de asentimiento y destierro piensas en ellas y pronuncias la palabra ledicia, piensas en el fuego de la primera mujer, en la tierra de la mujer primigenia, en el agua de las mujeres que inundan y hacen crecer ramas en el cerebro, piensas en el aire de la mujer que a veces, performas, que eres.
Piensas mucho en el amor en estos días y por eso, mientras tu vida se vuelve rectángulos volumétricos, te alimentas de yogurt blanco, de alimentos blancos, como forma de celebrar un ritual digestivo con todo el amor que ha habido durante todos tus años que hoy sólo existen para que tú tengas que estar aquí escribiendo sobre estos días.
