sábado, enero 29, 2011

R, me dice: garrafal. Lo dice como si la palabra significara lo que ella quiere que signifique y no lo que tú y yo sabemos. R, se ríe. Esta tendida boca arriba, labios entreabiertos y espeta: me gusta. Yo me pinto las uñas: gota de sangre sobre las raíces de las manos. R, vuelve a decir, sin verme, me gusta cuando te dibujas las raíces, me gusta tu concetración milimétrica, tu darte en cada pincelada. Me gusta que el resultado nunca se parece a lo perfecto. Me gusta que las teclas sean tu lija. Yo quiero preguntar, pero R me interrumpe: míralas bien, son rojas, tú vienes de allí, que no se te olvide nunca el rojo.

Yo despierto.