sábado, enero 29, 2011

R, me dice que abrace a un árbol, que cierre los ojos y sienta las paredes rugosas de esa casa, que deje de serrarme los ojos con lágrimas. Me dice que llore, que llore mucho mientras abrazo al árbol, que de esta forma el agua no será desperdiciada y volverá al ciclo de la vida. Me dice todo esto mientras su túnica negra cruza el desierto, mientras sus pies desnudos surcan el mundo. Me dice todo esto de espaldas. Su voz se siente como líquido amniótico alrededor del cuerpo. Dice más. Habla del mercurio y su multiplicación. Luego se calla.
Yo despierto.