domingo, enero 30, 2011

¿Te acuerdas de aquél domingo?
La voz de R, trayéndolo todo de nuevo. R, ahora me mira y dice: el desierto como las líneas de las manos: no infinitas pero inconmensurables. R, me dice que aquél domingo era el desierto. Yo lo recuerdo perfectamente. tenía nueve años y la intuición de que la conciencia era un arma arrojadiza y que ello haría conmigo música del daño. R, me dice: aqui es el desierto: debes terminar de cruzarlo.

Yo despierto.

La luz enceguecedora.