sábado, febrero 26, 2011

No veo nada, respiro profundamente, mis alvéolos se insuflan y el olor me invade. De repente estoy en un campo abierto lleno de césped recién cortado. Siento que lo atravieso corriendo, siento que mis piernas se deslizan por el verde olfato, como si las narinas corrieran a velocidades prodigiosas, los aromas desfilan: jazmín, tierra mojada, violetas africanas, menta. Un aleph de olores. No veo nada y le pregunto a R, ¿dónde estamos? Ella me responde: estamos en el olfato, aquí se contruye la memoria.