martes, febrero 15, 2011

Transitando por la nueva casa voy redescubriendo placeres domésticos, por ejemplo hoy he redescubierto cuanto me gusta escribir en la cocina. Quizá el calor, los aromas, las mesas como monolitos, el silbido de la tetera o la luz sobrenatural entrando por la ventana. Hay una especie de felicidad en este acto de aporrear las teclas y luego llevarme a los labios una taza de té caliente, justo antes de que afuera caiga la primera gota de lluvia.







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