jueves, marzo 10, 2011


La veo subir y bajar en un rollercoster incomprensible. Siento el aroma y reconozco la presencia de los eritrocitos. R, ríe, se despeña y vuelve, aparece de cabeza ante mis ojos, la velocidad es tanta que me recuerda a los inquietos mares. Yo no sé donde estamos, pero el aroma me da pistas. R, me dice: aquí es a donde vengo cuando quiero despeñarme y reír. Aquí es el lugar donde las palabras pueden rodar por la sangre. Yo la observo en esa especie de montaña-músculo que palpita, un tiovivio bizarro. R, continua: este es el músculo helicoidad, una especie banda enrollada sobre sí misma, es decir: un laberinto de carne que se autocobija. Esta es la verdadera arquitectura, resplandeciente, del músculo ese que algunxs llaman corazón y que tu rebautizas contantemente para nombrar imposibilidad o incongruencia.