lunes, abril 04, 2011

He llegado a Sevilla y esta ciudad me quiere. Me lo dicen los pájaros que me cantan cerca, el aire tibio oliendo a azahar, me lo dice el barrio que alguna vez fue mío, que sigue siendo mío, o al cual pertenece una parte de la sangre de mis venas. Estoy aquí cruzando un patio lleno de flores y luz que besa los hombros. Estoy aquí con una maleta y una llave. Una habitación enorme, un hotel que recuerda a una casa. Una casa pequeña y confortable en la que me dan ganas de reirme y escribir, en la que dan ganas de salir por la tarde a tomar el fresco en la sillas de mimbre y hablar con los queridos y los muertos. A dar vida y seguir respirando sin cortapisas.