domingo, abril 17, 2011

R, esta suspendida de una cuerda azul verdosa y flota a mitad de mi espalda. A cada esfuerzo la cuerda se tensa y yo siento que el cielo de la boca me explota y el sacro se vuelve una puerta abierta. R, asciende sobre la cuerda y se queda meditabunda como cuando piensa que no la veo y habla en voz baja -como si fuera una lámpara de luz tenue-. Yo sólo alcanzo a leerle los labios: ... un secreto sobre un secreto. Cuanto más te dice menos sabes (Arbus, dixit).
Quiero saber por qué cada vez que roza las cuerdas con sus piernas a mí se me escapa un grito. R dice que está haciendo música con los tendones de mi espalda y mis onomatopeyas.