miércoles, mayo 11, 2011

LA ESPÍA



Siente verguenza. No pudor sino esa película incómoda cubriéndole de un sólo lametón todo el cuerpo. Siente una verguenza roja e infita tristeza. La conciencia de ver por dentro sin permiso. R, se siente así por haber tropezado sin querer con lo que ella pensaba era un libro y después descubrió era el músculo helicoidial de Ra. R, sintió como una luz transpasándola y una curiosidad amorosa y leyó y observo el corazón de Ra sin permiso.


Era un camino extraño aquél de caminar a otrx sin permiso ni conciencia. R, sintió el mareo ese que es indefinible antes de transformarse en protección o hastío, antes de sucumbir a un amor que ya no recuerda. Por eso R siente verguenza y se esconde entre los pliegues de mis párpados mientras sonrie de forma inclasificable, esa mueca que comparten dolor y place, ese filo antes de que el llanto o la carcajada estallen. Sonrie y baja los ojos mientras las saliva que la recubre se convierte en un manto estelar.


R dice en voz baja: Ra, perdóname.