lunes, junio 06, 2011

Me ofrece dos opciones: ver más o ver menos. Ambas son insoportables. Sé que R emplea toda su vocación aleccionadora conmigo. Sé que mis pupilas se dilatan ante ambas opciones. El deseo de quererlo todo no me abandona. La encrucijada, señalar dos posibilidades me hace levitar. La embriaguez de querer, realmente, todo. La horrible injusticia de decidir y la rebelión ante ello.

Estamos en un lugar de mi cuerpo donde hace viento, mucho viento, podría ser un órgano hecho de tornados. R me observa inquisitivamente esperando una respuesta. Decir más o decir menos. En lugar de responder pregunto. En lugar de responder los ojos se me llenan de alegría y pienso en que la felicidad tiene que ser un torbellino que arrastra agua y peces a su paso, que hace danzar los dedos sobre la epidermi, que crea hormigas afanosas que trasportan el deseo.

R me dice: estos son tus pulmones que se parecen a las costas de Taipéi.