martes, julio 19, 2011

Apilar letras, ponerlas en fila hasta que tenga todo sentido. Lo tiene y no lo escribo. Guardo silencio y sólo respiro. Algo de verdad perceptible y aún indescifrable me ocurre. Pienso en el acontecimiento, en el verdadero significado de la palabra acontecimiento. De la filosofía no me arrepiento. De nada me arrepiento y mientras no escribo se construyen unos lazos anchos, unas avenidas del lenguaje inimaginables, una arquitectura de la fuerza casi impronunciable y desconozco este nuevo camino, no distingo más allá a unos milimetros de mí, pero no es la niebla ni la angustia en el horizonte, sino la selva, la exuberancia de la selva que respira y teje mi sinapsis.