domingo, agosto 14, 2011

Entre el espacio de mis huellas dáctilares y las teclas hay suficiente espacio combinatorio como para escribir todos los posibles textos.

Hiervo.

Renuncio al deseo de andar el espacio entre las huellas y las teclas. Sucumbo ante la tentación de leer. Letras como grietas luminosas. Esa especie de felicidad que da el que alguien te permita ver dentro de su cabeza, posar por vez primera la vista en un texto inédito.