lunes, octubre 31, 2011

R quiere hablar, yo la insto a callarse. Le digo que permanezcamos en silencio un tiempo más, para después hacer torbellinos de viento. R, dice que no puede esperar, que las ganas le provocan fuego en la tráquea. Quiere hablarme de un órgano del Atlas que según ella puede hacer que llueva sangre. Y/o me intrigo ante la imagen de una nube de hemoglobina. Ella dice que en efecto era un órgano viajero, que se trasladaba por los confines más remotos del cuerpo, llevaba sangre a aquellos parajes cuyo desgaste era tal que ni la respiración ni el agua podían salvar, excepto la sangre.