jueves, diciembre 01, 2011

EN NOVIEMBRE ESTE COLECTIVO VASCO CELEBRÓ SUS ONCE AÑOS DE EXISTENCIA

El transfeminismo callejero de Medeak

Hablamos con cuatro integrantes del colectivo donostiarra Medeak sobre las prácticas feministas en Euskal Herria y el movimiento transfeminista.

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- Las discriminaciones superpuestas: identidad de género y migraciones


Caroline Betemps / June Fernández (Redacción / Pikara Magazine)
Jueves 1ro de diciembre de 2011. Número 162
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Perfomance sobre la prostitución de la koordinadora feminista transmaricabollo / Donostiakobilgunefeminista

Del sujeto único a la multiplicidad de sujetos, del feminismo a los feminismos, del binomio sexo-género a la disolución de las categorías de género en el transfeminismo y las luchas Queer/Cuir, de la cama a la calle. Ésta podría ser una síntesis de los últimos 30 años de recorrido de las teorías críticas feministas.

En ese devenir plural se plantean no sólo nuevos sujetos y discursos, sino otros marcos de acción política. Ya no se trata un feminismo de la igualdad sino unos feminismos de los derechos, donde lo que importa no es tanto sumar etiquetas a las siglas (migrantes, negras, putas...) sino la inclusión real de esos sujetos en las prioridades, agendas y acción política feministas.

En Euskal Herria, el colectivo Medeak, que es un grupo que desde el año 2000 vienen transitando los feminismos, en sus limites, centros y periferias, representa el correlato de esa evolución. Para celebrar su aniversario han realizado unas jornadas cuyo formato buscaba fomentar la participación horizontal entre ponentes y participantes y que no sólo hablaran las “popes”. Los días transcurrieron con debates sobre post porno, violencia machista, sexofobia, prostitución, o alianzas para generar resistencias transfeministas al capitalismo.

Radicales y lesbianas

Consideradas radicales por frases como “en caso de duda, tú la viuda” y por reivindicar el uso de la violencia legítima y auto defensa ante agresiones machistas, las Medeak han entrado en el movimiento feminista vasco chocando contra todo pero creando a su vez estrategias para la comunicación intergeneracional con antiguas expresiones del feminismo.

Hoy afirman tener mucho más en común con lo que llaman “el MFC” (movimiento feminista clásico) y que su labor está en contribuir a que la gente más joven cree sus propias estrategias y espacios. En 2003 decidieron reivindicar el lesbianismo, no porque fuesen todas lesbianas, sino por pensar que se trataba de una categoría política necesaria. “Cualquiera de nosotras está dispuesta a identificarse como lesbiana, del mismo modo que muchas lesbianas se identificaron durante años con la mujer blanca heterosexual en la lucha por el derecho a abortar, la anticoncepción o el divorcio”, afirma Itu Iturrioz, integrante de Medeak.

En paralelo al proceso de nombrarse, veían fundamental ocupar el espacio público: “Queríamos como colectivo ser el cuerpo que demostrara que el feminismo vivía y que tomaba la calle”, explican en su web. Además de elegir formas no ortodoxas de salir a la calle, también preferían el trabajo en células en vez de grandes asambleas. “Con el tiempo transformamos las formas de funcionar típicas, que traen implícita la idea de que la revolución va a ser de masas”, afirma Nagore Iturrioz. “Las jóvenes hemos crecido con el discurso de la derrota, porque ya no montamos manifestaciones masivas. No podemos autovalorarnos comparándonos con los ‘70, cuando todo el mundo estaba en la calle y el machismo era mucho más evidente, porque no había ni derecho a divorciarse”, dice Itu Iturrioz.

De diferentes inquietudes políticas y formas de organizarse surge el colectivo para trabajar desde unas necesidades especificas que “las feministas de 40 años no estaban tratando”. “Cuando empezamos llegabas a un espacio y tenías que ponerte a hacer feminismo, aunque tuvieras 19 años y no tuvieras ninguna idea, solo sabías que eras feminista de tripa y necesitabas que te ayudaran, por eso lo primero que hicimos fueron unas jornadas para formarnos” explica Iturrioz. Aunque, como comenta Ana Txurruka, esa distancia no significaba oposición, sino diferentes demandas, “las del MFC han sido nuestras madres políticas, pero cuando estaba en sus colectivos, no hablaba. Te tocaba dedicarte a cosas de gestión, no a debatir, que es lo que querías y nos faltaban ciertas cosas que tuvimos que producir por nosotras mismas”, afirma. Por ello, una parte importante de su trabajo consiste en generar espacios con chicas jóvenes, a fin de conectar con nuevas generaciones: “No vamos a dar respuesta a lo que están viviendo tías de 18 años. Podemos fomentar que debatan y se auto organicen, que creen sus colectivos con intereses y prácticas propias”, dice Txurruka.

El cuerpo en la calle

El cuerpo como arma política es uno de los principales ejes trabajados desde el principio en Medeak. “Bilgune Feminista (formadas en los referentes de la izquierda abertzale) dicen que Medeak ha sexualizado la lucha feminista, incluyendo el placer en ella”, comenta Itu. En Euskal Herria, “nuestras formas se asocian mucho con la frivolidad, con una transgresión que parece falta de contenidos”, comenta Nagore.

Conscientes de que la práctica performativa produce sujetos al mismo tiempo que los representa, una de sus lineas de trabajo fueron los talleres de drag king. La idea para ellas era clara: hacía falta generar otras imágenes que representasen prácticas de desobediencia como estrategia crítica contra el capitalismo. Al principio, los talleres generaron muchos conflictos con algunas feministas que no entendían qué es el drag king y no lo veían como una sátira del modelo masculino hegemónico. “En ese devenir se nos fueron cayendo algunos de los mitos del feminismo más clásico vasco, cuyas prioridades estaban muy claras y en donde todo lo masculino tenía que estar apartado”, cuenta Ana Txurruka. “Al terminar el primer taller tuvimos mucha sanción y el comentario fue ‘habéis estado poniéndoos bigote cuando había un seminario de economía feminista’. Esto de estar poniéndonos un bigote no era para nada feminista”, recuerda Itu.

Las resistencias también tienen que ver con el estilo políticamente correcto del feminismo, “esto de salir a la calle en tetas y darnos por culo ¿es hacer política?”, pregunta Ana Txurruka. “Hay veces en las que toca romper. Probablemente las feministas que nos cuestionaron hace tres años ya no nos cuestionan hoy. Nos han criticado, pero porque querían comprender para qué lo hacemos”, puntualiza Kattalin Miner.

Transfeminismo mestizo

El transfeminismo supone el paso del sujeto simple a un sujeto más amplio y no refiere solo a un discurso ‘no binomio’, unido a la transexualidad, sino que incluye otras dimensiones como las diferentes precariedades. En ese cambio de paradigma, “lo que estamos haciendo es generar formas de pensamiento muy distintas que casan con el discurso trans-charco o trans-migrantes. Multiplicar el sujeto feminista significa que no hay un sujeto mujer único al que yo pueda describir y al cual le puedo hacer una agenda”, explica Itu.

Llevar esto a la práctica, producir alianzas con sujetos que están atravesados por ejes distintos, y poder ver hasta qué punto estos ejes están relacionados y cómo el contacto de las unas con las otras enriquece y fortalece es uno de los desafíos del transfeminismo. Como explica Kattalin, “lo más interesante del transfeminismo es que se relaja el sujeto. No es ya definir tanto ese sujeto ni sumarle trans, puta, bollo, negra, si no dejarlo abierto lo que hace que nos acerquemos y que sucedan alianzas antes no pensadas”.

Ana Murcia de la Asociación Garaipen (de mujeres inmigrantes y vascas), comenta que “las Medeak nos han ayudado a ampliar la visión del feminismo que queríamos hacer”. El trabajo con Garaipen implicó un proceso muy colectivo, nos cuentan. “Al entender la diversidad de migrantes y de bolleras, nos vamos contagiando, ellas se van ‘bollerizando’ y nosotras nos vamos ‘migratizando’”, afirma Itu. “Este año, las Garaipen se travistieron para salir en la mani del 28-J con nosotras. Eso muestra cómo vamos permeándonos, y cómo eso se refleja también en el cuerpo”, comenta Nagore.

Aunque ampliar el sujeto y nombrarse diferente por sí solos no implica un cambio en la agenda política, para Itu ése es el debate, “qué actividades vamos a hacer, cuáles son prioritarias y cómo vamos a encontrar la forma de sentirnos representadas las unas con las otras”. Frente a un feminismo con un sujeto y agenda únicos, el transfeminismo propone “hacer un esfuerzo para que hablen con nosotras en los espacios aquellas de las que queremos hablar. Algo que no sucede en el MFC, se habla mucho en nombre de, las mujeres maltratadas, las putas, las inmigrantes, pero sin ellas”, concluye.

Debates transfeministas abordados en las jornadas de Medeak

- Postporno como sabotaje. En el principio fue Annie Sprinkle, que en Herstory of the porn (1999) revelaba que si no te gusta el porno que hay, lo mejor que puedes hacer es tu propio porno. Así empezó lo que hoy se conoce como el movimiento postporno. Dinamitar los binomios, ampliar imaginarios y prácticas y visualizar otras sexualidades que subvierten lo establecido son algunos de sus ingredientes.

- Violencia machista. “Dejemos de hablar de violencia de género o contra la mujer y hablemos de violencia machista”, pedía Itu Iturrioz de Medeak, que recuerda que la ley actual de violencia de género sólo es aplicable a las entendidas como relaciones sexo-afectivas dentro de la pareja o el matrimonio y no se aplica a la violación. Para Itu, esta ley “sólo sirve para que se pegue menos”, pero no para transformar la situación de las mujeres.

- Sexofobia y prostitución. Un debate clásico dentro de los feminismos es el de la prostitución, que muchas veces omite la diferencia entre mujeres que trabajan por su cuenta y las víctimas de trata. Para Antonia Genaro, del colectivo Hetaira, “la ley contra la trata equivale a efectos prácticos a la regulación de la expulsión de inmigrantes”. Según Isabel Holgado, “lo peor es el estigma de ser puta, que es contaminante e irreversible”.

- Economía feminista. “Generar bienestar cotidiano para gente concreta, eso es la economía de verdad”, dice la economista Amaya Pérez Orozco. Las mujeres tienen más contratos temporales y el trabajo de cuidados y doméstico, que produce una riqueza equivalente al 75% del PIB, no se paga. Según la economista Nekane Jurado, “en crisis la lógica es mantener los beneficios donde están y de ahí, la feminización de la pobreza y de la crisis”.