martes, diciembre 20, 2011

Tengo tiempo reflexionando sobre "lo obvio", es decir, eso que parece estar de forma omnipresente en nuestro entorno cotidiano: lo obvio de la corrupción, lo obvio y recalcitrante del machismo heteropatriacal y su violencia exacerbada; la dura y obvia imagen de gente muriendo de hambre; la obvia obscenidad de los cuerpos destrozados, de las guerras, de la reyertas del crimen organizado. Lo trivial de hablar cada vez más con lenguaje militares y explicarnos la realidad desde esas claves. Lo obvio de toda la inmundicia que nos rodea.

Me parece curioso que siempre que se habla de esas realidades, que se las crítica, la gente salta diciendo que estamos hablando de obviedades, de secretos a voces. Lo que me preocupa seriamente es cómo lo atroz de estos fenómenos ha pasado a ser obvio, cuál es el proceso mediante el cual se volvió cotidiana la masacre, la mentira, la amenza, la corrupción. Siento que quienes hablamos en voz alta de "lo obvio" estamos de alguna manera siguiendo un hilo de Ariadna y, sobre todo, estamos diciendo que esa pantalla de obviedad o naturalización artificial no tiene nada de sencilla, porque resignarse a tildar los sucesos cruento de obvios es resignarse a que son irrevocables.