miércoles, diciembre 21, 2011

Toda innovación tecnológica, que busca intalarse en nuestros contextos cotidianos, viene acompañada de etiquetas que nos dicen: hace la vida más fácil, ahorra tiempo. Sobretodo esto último, siempre nos estan compeliendo a ahorrar tiempo y al mismo tiempo, este economía del tiempo nos podría llevar a replantear nuestra noción de futuro. Es decir, en las narrativas del progreso teleológico, el futuro es la directriz suprema. Sin embargo, bajo las circunstacias actuales, cabría preguntarse si el término futuro guarda un horizonte de sentido y piede avizorarse como una posibilidad plausible y/o mercantilmente deseable. Más aún, si nuestras vidas se rigen por el ahorrar tiempo, ¿no sería redundante seguir pensando en el futuro?, porque lo que los gadgets tecnológicos parecen decir es: el ahora es lo que importa. El ahora ocupa en las narrativas actuales el peso que en otros momentos históricos perteneció al concepto de futuro.