jueves, mayo 17, 2012

HOMOFOBIA Y CAPITALISMO

¿Qué hay detrás del miedo a la homosexualidad (cuya principal consecuencia económica para el sistema capitalista es que no es reproductiva)? Durante mucho tiempo, los sistemas de dominación discursiva, política, social han recurrido a argumentos morales, es decir, prohibitivos para ocultar causas económicas. Un ejemplo de esto es la posición que la iglesia católica como institución (hablo específicamente de ésta porque es la que mayor poder y peso tiene sobre nuestro contexto) a mantenido respecto a la homosexualidad, dicha posición es de reprobación absoluta e incitación al odio, es decir, de homofobia frontali.

Detrás de los argumentos moralizantes de dicha institución se oculta el temor a que la díada heterosexual mujer-hombre se disuelva y deje de ser (re)productiva, es decir, deje de sostener económicamente al sistema de producción. Es cierto que las condiciones han cambiado y que desde el surgimiento de la iglesia hasta nuestros días, las funciones de ésta han variado. Sin embargo, si hacemos revisión histórica, la iglesia católica, tras su afianzamiento en occidente, detenta un poder casi absoluto sobre la gestión de los cuerpos, los afectos, los saberes y sobretodo de la economía. Es decir, se convierte en la principal detentadora de la biopolítica y la necropolítica durante varios siglos. Aún después de perder su poder absoluto, hace alianza con las monarquías, y más recientemente con las dictaduras y las “democracias fascísticas”2 y por supuesto, legitima el orden capitalista para seguir gestionando el vivir y el morir de las poblaciones.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el capitalismo con la homofobia? El hecho de que la reprobación moral por parte de la iglesia de una sexualidad disidente se basa en la obligatoriedad de mantener la heterosexualidad no como práctica sexual, sino como régimen económico de producción depredadora, donde la energía sexual no debe ser desperdiciada en el placer sino en la (re)producción que reportará beneficios económicos. Es cierto, que los sistemas de producción han cambiado de nombre y de estrategias, no obstante, siguen conservando la represión sexual como herramienta poderosísima para el dominio de los cuerpos, la sexualidades y los afectos (regularmente cuerpos de mujeres). Una muestra más de ello, está en la estigmatización que sufren los métodos anticonceptivos usados por la mujeres heterosexuales, así como la constante criminalización del aborto, bajo slogans de “conservación de la vida.” Esta reprobación constante al ejercicio de la sexualidad libre y elegida, cuyo fin último es el placer, hace que de alguna manera se muestre algo que parecería impensable: tanto los anticonceptivos como la homosexualidad, en nuestro caso el lesbianismo, son desobediencias al orden económico y heteropatriarcal y por tanto, ambos comportamientos son “socialmente”desleznables. Mostrando también que las instituciones que sirven al orden heteropatriarcal no “protegen” a lxs heterosexuales ni recompensan su obediencia más allá de proporcionarles la etiqueta de “normalidad” y en cambio actúan bajo fines económicos enunciándolos bajo preceptos morales para constreñirnos a todxs.