viernes, septiembre 21, 2012

Aroma

Cerrar los ojos y que alguien te cuente de sus lugares amados sólo describiendo el aroma. Sentir de forma primera el estremecimiento de la imaginación. Un lugar vetado al que sólo se puede acceder por medio de la narración alquímica del aroma. Decir: el amor olía a tierra mojada, a brisa marina, a violetas inundando la boca. El amor olía a sangre fresca de labios rotos, a viento del norte, a estampida y avalancha, olía a filos incrustándose en la narinas. Olía a miel y avellanas. El amor era un fulgor verde en la tráquea.