lunes, marzo 11, 2013

Inesperado

Dicen que la tierra tembló bajo mis pies y yo no me dí cuenta, quizá porque flotaba en el mar de la abstracción, en la concentración profunda una conexión sináptica que daba palabras a una idea. El edificio vacío sólo a mí me contenía  La proximidad con el azar y la tierra. La proximidad con el crujido. Aún soy incapaz de pensar en las consecuencias nefastas de lo que hubiera sido, pero sigo aquí irrefrenable, pensando que la filosofía me sigue salvando la vida.