miércoles, abril 03, 2013

Aún muy lejos de todo, puedo reconocer la belleza. Sólo me gusta llorar por la belleza. Nada más puede arrancarme lagrimas tan fácilmente. In fact, mis lágrimas son como oro liquido, que no vale nada pero cuesta mucho extraerlo. Sí, mis lágrimas y el oro no valen nada, pero uno tiene que dinamitar la tierra, hacer que todo se sacuda ferozmente para encontrarla. Sin embargo, la belleza sí, la belleza me hace llorar, el temblor de una hoja, la belleza que no tiene que ver con nada enunciable, esa magnificencia de saber que la respiración es ya revolucionaria en un mundo que acaba y crea y acaba.

A veces, quiero contarte de nubes que no volveré a ver, de ciertos atardeceres, de como la brisa toca el rostro, de como todo lo que veo es el mar y su vaiven. A veces, quiero que tu oido se el corazon de un árbol para decirle un secreto, pero estás tan lejos.