lunes, mayo 06, 2013

Escribir

No perder el lenguaje pero desviarlo. Sentir esa estrella de venas en la tráquea. Sentir de forma trémula la necesidad de la escritura. La escritura que me conecta con el mundo de mi adentro, donde todo es una gran bolsa de palpitaciones. El adentro que quiere salir hacia nosotrxs, ese adentro, el de la necesidad, el de la furia, el de la euforia, el que no cesa. El adentro que es un caballo desbocado todo el tiempo, ese adentro, el del deseo, el de pensar la escritura como una tarea infatigable, la mejor tarea, la única tarea. El sentido del mundo entre la bolsa de palpitaciones y los huesos, el temblor de las primeras veces, ese temblor repiqueteante que  baja por la yemas de mis dedos cuando quiero escribir de verdad el adentro, eso que no tiene palabras hasta que las conexiones sinápticas crean de nuevo un refugio, algo que saca de la vida desnuda, de la pura materialidad, algo que a veces y no sé sin con razón, llamamos alma, instintos y que ami me gusta llamar: afectación, mi cuerpo afectado por querer, por desear, por correr hacia la necia y preciosamente inefable necesidad de escribir. Sin límites, sin permisos, sin apellidos. Encontrarme de nuevo en la casa, mi casa, del lenguaje.