domingo, diciembre 20, 2015

Me descubro de reojo en un espejo. Me pregunto, muy adentro, como en una voz en off, dentro del on de mi memoria: ¿cómo es posible que se nos haya ido tan rápido el tiempo? La boca es la misma y los ojos conservan el color y cierta sorpresa, incluso la voz es idéntica, Pero el tempo se filtra por las hebras del cabello, por el cuerpo, por el timbre y las palabras y hay una alegría rara en el transcurrir del tiempo, pero surge la pregunta, insidiosa y densa, una pregunta que no tiene respuesta, porque el tiempo sólo se ha ido. Eso es lo que mejor hace el tiempo.

Una alegría agridulce, una cierta candidez o cierto pudor por entender el cliché que considera la juventud como una joya que mientras nos pertenece no tiene importancia pero conforme nos alejamos de ella se abrillanta en la memoria.

Somos tiempo sólo.