martes, septiembre 20, 2016

Algo con la lluvia

Durante mucho años (prácticamente toda mi vida) la lluvia me resultaba extraña, incómoda, inexplicable, Cierto que la primera vez que fui feliz tenía tres años y danzaba empapándome bajo el agua de un jardín que apenas recuerdo. Luego de la felicidad vino la extrañeza y en un pacto extraño de fidelidad a mi desierto, fue alejándome de la lluvia.

Excepto el petricor, sus rastros no me gustaban. Fui creciendo, hubo algunos muertos en días lluviosos y desde entonces la lluvia no sólo me daba la sensación de extrañeza sino también de hurto, la lluvia ladrona que me había robado algo queridísimo.

Hoy amaneció lloviendo en este desierto y por primera vez, en mucho años, tengo ganas de caminar bajo ella, de no esconderme, de sentir el beso de las gotas sobre el cuerpo.

Hoy llueve y yo siento reconciliación.