lunes, diciembre 26, 2016

Los libros huérfanos

Sin darme cuenta -quizá en un acto fallido- he metido en mi maleta uno de los libros que había dejado en casa de mi familia. Estoy desempacando y de repente lo veo resplandecer entre la ropa. Es un libro hermoso, un libro compañero. El libro que me acompaño de vuelta a México. Un libro que leí en el aire, atravesando las nubes y regresando en el tiempo.

Un libro dentro de un libro, pues narra la historia de Chantal Maillard -una de mis poetas favoritas- y su vuelta a Bélgica, a la casa materna, un libro sobre los viajes y sobre el lenguaje. Una pieza que escalda, acompaña y saca lagrimas, al mismo tiempo que avispa la cabeza y activa la sinapsis. Leyendo ese libro unx siente el deseo irrefrenable de escribir. Lo saco de la maleta y empiezo a leer arbitrariamente, es un libro muy subrayado por mí, comentado además - yo y mi horrible manía de rayas y poner glosas a mis libros-

De repente me hago consciente de que he encendido la luz de la mesilla de noche y me he recargado sobre el marco de la ventana, he levantado los ojos y he visto mi reflejo absorto, arrobado en las profundidades del libro, Es una imagen hermosa. una mujer despeinada, de pelo azul arrobada, totalmente entregada a la lectura, vista desde afuera, la mujer parecería alguien que viene de un libro y se sumerge en otro libro, he visto la luz sobre el rostro y me he estremecido al leer mis notas y los subrayados:"¿Que escribir es otra manera de estar vivo? De estar vivo sin duda, pero vivir es otra cosa." (Maillard, 2011;69)

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