viernes, diciembre 30, 2016

ROBERTO

Roberto me habla de su vida en Chiapas, de su nueva vida. Me cuenta de su andar y de su interminable curiosidad. Sonreimos con los ojos y nos quedamos atentxs, muy atentxs a las palabras de el-la otrx. La energía de Roberto es la energía de un guía, nunca se lo ha dicho pero secretamente, desde que lo conozco siepre lo he sentido como un guía. Es el único hombre vivo que admiro y respeto. No es por que se un sabio, que lo es, sino por esa forma autentica de estar, de cuidar-se, de pensar, de enunciar.

Mientras hablamos de mil cosas, me cuenta algo muy bonito, me dice que en los primeros días que se paseaba por San Cris, encontró una iglesia pequeñita, me dice que entró y encontró una mirilla, entorna las manos alrededor de su ojo derecho y sonríe, me dice que vió a una mujer con el pelo liso y con reboso morado y hermosísimo cubriéndole la cabeza, cayéndole como un manto, dice que tenía las manos llenas de incienso y que de sus manos humeantes se elevaba el algo más que humo. Dice que, subió una escalinatas para ver el atrio de la iglesia y que desde allí se percató de que en el atrio no había imagenes y que en su lugar estaba todo lleno de planas, que el atrio era un jardín, un verdor resplandeciente,lo dice de otra manera, lo dice con su palabras y a mí s eme llenan los ojos de agua, le agradezco que comparta algo tan hermoso, le digo que es tan hermoso saber que lo que ese atrio nos dice es que en realidad nunca nos morimos, el asiente y sonríe desde el fondo de sus ojos de aceituna.


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