viernes, diciembre 22, 2017

El sol sobre la cara

Despertar con la intensidad de la luz sobre el rostro.
El bronceado radical de invierno. 
Mi resistencia ponerle cortinas a mi vida.

Lo hermosamente cotidiano:
Dormir profundamente abrazada a un animal no humano que me enseña de la paciencia, el cariño y la compañía, aprender a descifrar lenguas no humanas, detecar la inflexión en el ladrido y el maullido y descubrir mensajes.

Despertar escuchándote en la distancia,
hay algo reconfortante y certero en amanecer con tu sonrisa.

Levantarme,
hacer café.

Tener la casa sin ruido, toda entera y fría
 a punto de encenderse como una bombilla,
iniciar con el trastabillar del desayuno.

Sonreí mucho mientras hago las cosas a mi ritmo
y veo una mesa-escritorio llena de libros que me espera.

La alegría sencilla de este invierno que me ayuda a no desesperar ni a perderme en la prisa.

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