sábado, diciembre 16, 2017

La potencia del frío

Llegué a Princeton y me recició el frío y su sorpresa. Había olvidado la potencia energética del frío, sus besos helados sobre la cara. Las ganas de saltar y correo para que el cuerpo sobreviva. Hay algo iluminar y activo en la punzada de sentir el viento helado recorriéndonos. Todo ese blanco como una epifanía sin alfabeto cubriendo los arboles, las calles y la ropa. Toda esa nieve diciendo que hay una alegría inusitada en el aire gélido que despeina y desempaña la cabeza.

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