martes, abril 04, 2017

Los poemas que se arremolinan

Sentada bajo la luminosidad indescifrable de esta ciudad-escenografía, hay un paz extraña, una especie de suspensión de los días. Calma rara que me tranquiliza en el día y por la noches no me deja dormir. He iniciado varios poemas en mi cabeza con inicios prometedores que no logro recordar. La máquina tarda demasiado en encender, el wi-fi tarda tanto en conectar que al final la luminosidad de las letras se vuelve volátil, no como antes que lograba construir largas diatribas y guardarlas íntegras por semanas dentro del cofre-cabeza.

Sin embargo, el fulgor de las letras renace, una llamita, una potencia, una incandescencia que va brotando, ojalá se cristalice, ojalá sea capaz de permitirme tiempo y espacio para que los dedos dancen sobre las teclas.

Tantas ganas de poesía.