domingo, junio 30, 2019

Del otro lado del hemisferio /Buenos Aires 2019

Me sorprendo escribiendo desde una cama en pleno invierno. Reviso las fechas y sigue siendo junio, es decir, en el lado del hemisferio donde yo vivo esto significa que es verano. Acá en Buenos Aires, cerca del río de la plata (y un poco más allá el Océno atlántico), es invierno.

Tomar conciencia de esta obviedad me hace reír como una niña. Me hace recordar una vez que decidí hacer un hueco en el jardín para construir un túnel hacia China porque yo escuchaba decir a mis padres que China estaba al otro lado del mundo y en mi imaginación de 3 años al otro lado del mundo se llegaba cavando, es decir, el otro lado del mundo estaba abajo.

Hoy vuelvo a tener esa incerteza feliz, estoy al otro lado del mundo, es decir, aquí abajo, que es el sur del hemisférico y es casi julio y es invierno.

Esta realidad contrastante entre mi cuerpo-veraro y mi espacio-invierno me hace comprender y, sobre todo, sentir una serie de cosas que me hablan de las contradicciones que viven  simultáneamente, que nos habitan en tiempos compartidos. Es como tratar de pensar el verano en el invierno aunque las fechas sean correctas para el verano en mi hemisferio, es una sensación, un sentipensar que me ayuda a unir de manera nítida la idea del pensamiento que puede pensarse a sí mismo y a su contraparte al mismo tiempo.

Estoy en un alteración climática y en un ecosistema que me permite pensar justamente la disociación entre dos hechos contrastables que son opuestos dependiendo la localización.

El invierno me hace pensar distinto.

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